
Pero el bien más preciado que luce junto a mi ventana con vistas al Pirulí es Paquito. No se le puede dar de comer después de medianoche, ni mojar con agua, y cuando Mauro o Nacho se animan y dan palmaditas, se pone a canturrear como un loco mientras se mueve suavemente de lado a lado. ¡Se le mueve hasta la tripa! Es tan mono…. Juro que si vuelvo a pasar por esa tienda en Andorra traigo más, me llevé el último.
Los regalos variaditos elaborados por las profes para el día del padre/madre/similar siempre quedan cucos y ablandan a las visitas cabreás.
Olalla Cernuda
Directora de Contenidos de Entretenimiento
iRTVE - Medios Interactivos
No hay comentarios:
Publicar un comentario